Síntesis: II – Acerca de Dios

Mi vida ha transcurrido entre amistades de unos meses  y amores de unos días, nada más que eso. Sin embargo en secreto he sido parte de algo más grande, aún cuando nunca lo elegí.

¿Qué has escuchado de Dios? El hombre que todo lo ve, supuestamente. Pues, esta idea es precisamente la que en secreto he ido desvirtuando dentro de mí. Tan dentro, que apenas hace poco me di cuenta de cuan cerca estaba de mí misma. (Un ser todopoderoso que sólo ve lo que le conviene no es de fiar).

Hay quien cree que Dios es ese ser vengativo y cruel que castiga sin ningún tipo de piedad al que desobedece, y de cierta forma es precisamente así. Esa es la idea comercial del Dios más conveniente, y es que hay que reconocer que a lo largo de los años el marketing ha dado frutos.

La percepción global de un ser místico me es completamente ajena. Dios es todo lo que ha estado detrás de mis amistades de meses y mis amores de días. Dios no me ha hecho ningún favor más que recordarme que soy y hacia donde debo ir.

Una luz que irradia la gente que ama, la misma luz que envuelve a los amados, esa es una manifestación clara de lo que verdaderamente es Dios.

Y no hablo del Dios capaz de castigar a los inocentes por ser humanos, hablo del Dios humano capaz de entender la complejidad de la carne.

Hablo de ti, de mí, de lo que nos hace ser buenos y no tan buenos. Hablo de la luz que nace de cada uno, y con esto concluyo que cada uno es su propio Dios; que la imagen de Dios no es universal ni mucho menos, que solo nosotros sabemos cuan cerca estamos del bien y del mal. Que la carne sólo la juzgan los que de ella están hechos, por ser los únicos que la entienden.

De la sobrevaloración de la libertad de expresión


Para comenzar y evitar malos entendidos, debo decir que creo fielmente en la democracia y la evaluación constante de nuestros derechos como medio para recordarnos que debemos hacer ante cualquier circunstancia. Pero, ¿Qué nos recuerda qué no debemos hacer? Es esa la cuestión. 

Dicho esto, comenzamos.

Como seres políticos y objetivos por presunta naturaleza, deberíamos poner límites a nuestros derechos. No hablo de esclavitud ni mucho menos, sino más bien de mirar a un lado y darnos cuenta del terror que representa la concepción de los mismos en la sociedad actual. Y es que día tras día somos testigos del desequilibrio que supone creernos únicos e intocables, sin pensar en que “uno” somos todos, y que entonces todos tendríamos que ser intocables. Pero esto pasa por debajo de la mesa cuando haciendo uso de nuestros derechos quebrantamos los de nuestro semejante. Difícil, ¿Eh?

Ahora al grano, al motivo. La sobrevaloración del derecho a la opinión, a la libertad de expresión. Veo con preocupación que gracias a esto, todos nos hacemos a la idea de que podemos y debemos ejercer nuestro derecho en todo momento, cuando no necesariamente es así. ¿Qué hacemos todos opinando sobre política, y religión, y economía… Y los demás temas, en general? Este empeño por hacernos creer a nosotros mismos que tenemos voz y voto en cualquier circunstancia es de las peores cosas que como sociedad hemos tenido que afrontar. Señor, señora, lamentablemente el estar vivo no lo califica automáticamente para opinar sobre nada que no sea usted mismo.

En este punto ya muchos habrán fruncido el ceño como muestra de desacuerdo. Si es así, está bien, no hay nada que yo quiera hacer para cambiarlo. Sin embargo, lo invito a continuar leyendo. 

Para muestra, un botón. En Venezuela, nuestro presidente es un hombre que pasó su vida manejando un autobús, (y eso no está mal, es un trabajo digno que alguien debe hacer, pero…) vaya suerte tuvo este individuo… Empatizó con un presidente que creía que “todos merecemos una oportunidad”, y es lo más humano, es el deber ser. Pero, él en el concepto “oportunidad” no vio las cualidades, sino la voluntad. Y con la voluntad no es suficiente. Así fue como un hombre promedio llegó a la presidencia de un país. Claro que el verdadero problema y lo que nos compete no es eso, es el que se crea político y opine sobre política. Y peor aún, que tome decisiones sobre un país en el que lo menos que hace es gobernar (bien).

Claro que esto no se trata de política, yo no estoy en la capacidad de hablar de política. Aún así, ¿Qué mejor ejemplo de sobrevaloración de derechos? Y así como nuestro deslumbrante presidente, hay un sinfín de personas dentro y fuera de la política que por meritocracia jamás habrían llegado a donde están. “Todos tenemos derecho a una oportunidad” dicen los sin escrúpulos. Podemos cerrar el tinte político diciendo que: Todos somos políticos desde el momento en el que nacemos, pero “hacer política” es mucho más delicado, y opinar sobre ello aún más. Sobre todo cuando sólo se es un individuo con suerte. 

Así como esto, la religión y la economía son temas de cuidado. Que muy alegremente tomamos y tergiversamos de tantas maneras que no me alcanzaría la vida para pensar en ellas, y cuando abrimos los ojos, hemos dañado unos cuantos días con discusiones sin mayor sentido. El derecho a la libertad de expresión es lo mejor que le ha pasado al ser humano, lo ha hecho componerse y crearse desde el barro, desde la nada, formar un criterio y pararse firme ante cualquier adversidad. Sin embargo, la sobrevaloración del derecho de expresión no ha hecho más que crear conflictos a mayor o menor escala haciendo de la razón un placer egoísta. Vale la pena recordar que “la razón” es, en algunos casos, lo que mejor conviene. Y no a todos nos conviene lo mismo, entonces, ¿Para qué intentar sacar a otro de su posición ante algo? Y en los demás casos, la razón es sólo una. No da cabida a discusiones.

La opinión del individuo va dentro de sí, no tiene que ser pública para ser válida. Y a conciencia, crear criterios sin previo conocimiento da pie a opiniones de cartón, hay que saber reconocerlas y en la medida de lo posible, corregirlas.

Ahora bien, esta frase célebre de los adolescentes rebeldes del siglo: “No se meta en lo que no le importa” puede tener bastante sentido si se le da el tono adecuado. Claro, que en este punto bien podría ser sustituida por: “Aunque le importe, no se meta” . Hay tiempo, pero sobre todas las cosas hay espacio, y ¿Cuánto espacio personal no habremos violado brutalmente con nuestras opiniones fuera de tiempo?

01-02

Me he hallado finalmente en el vientre de la mujer que estuve amando últimamente, bien podría llamarle “la de turno”, “la que está”, aunque no esté. Aunque ella sea sólo una víctima y yo no sea más que un victimario que satisface su necesidad de ser a través de esa insegura sonrisa. 
No es tan repulsivo, ella es parte de esto y está bien siéndolo, o al menos no ha dicho lo contrario, y no lo hará mientras le dé lo que espera, que casualmente es lo mismo que llena mis vacíos. Somos el uno para el otro, pero realmente eso no importa.
Claro que, estando en su vientre entiendo mejor el universo, ella es la línea del horizonte, une el cielo con el mar sólo con estar viva. Ella es inmensamente fuerte por dentro. 
Pero, por dentro no es mía. No tiene nada que ver conmigo, me deja ver a través de su ombligo de vez en cuando, cuando la hago creer que la amo. Y desde allí puedo ser testigo de la inmensidad que supone el desconocimiento; a punto de pretender entrar recuerdo nuestro contrato, de un salto me alejo y me dejo caer en la nada. Vuelvo a mi papel de victimario, me desconecto de la víctima. Ella no es un objeto, yo lo soy. Y vuelvo a un rincón, al rincón que me hizo ser quien soy. Al rincón donde pertenezco en ella, y me preparo para que todo comience, de nuevo. 

9 de septiembre

Quiero una flor para deshojar.

Quiero un beso tuyo para vivir.

 

Y hoja a hoja asesinarte, beso a beso, verte florecer de nuevo.

 

Quiero canciones de cuna para dormir,

Quiero sombras para despertar.

 

Quiero cantar tus canciones entre sombras de pétalos de alguna flor antes deshojada. Sin motivo, sin fundamento.

 

Necesito una rosa,

Te necesito a ti.

 

Se mi rosa,

Lastima mi piel con tus espinas,

Roza mis labios con tus pétalos rojos.

Deja que las mariposas de mi estómago vivan.

 

Por favor.

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué si has matado las mariposas? Después de tanto daño que disfrazamos de amor, después de tanto amor negado.

 

Responde tú tu propia pregunta.

 

Aún cuando para ti nunca hubo mariposa,

Ni flor,

Ni rosa,

Ni amor.

Ella

Hay quien sueña con ser más, ella sueña con ser menos. Ser menos ajena y más suya, ser menos crédula, inocente… Frágil. Sueña despierta mientras respira el momento. Sueña con volar, y en su sueño vuela tan alto como es necesario para olvidarse de lo que le aflige. Pierde la conciencia cuando esta sobre el sol, ella se alza sobre el sol. Ella se alza sobre todo y todos cuando sueña. 

Ella es la botella de alcohol que contiene al universo, se puede evaporar y llevarse consigo todo, dejar un espacio blanco y frío para hacer aun mas desértica la nada. También puede enloquecer a los que se esmeran en conocerla y ser cercanos a ella, los acaba desde dentro, los deshace sin piedad, pero tambien sin intención. 

“Ella”, comienza con “E” como su nombre de pila. Digna letra para evocar estigmas epicos que arrastra cual maldición, con un orgullo absurdo que no sabe bien donde se origina. ¿Será que va en su sangre? Sangre negra, su principal estigma, ahí están todos sus supuestos defectos y sus inmensas virtudes, sangre pura de la tierra pero dificil de aceptar para los hijos de la nada. Su cabello corto, su piel prensada como el cuero de un tambor, oscura, brillante. Otros estigmas. Por dentro se sabe fuerte y se ama, se abraza a si misma cada mañana cuando debe salir a lidiar nuevamente con la responsabilidad que supone el contener al universo entero dentro de si, y la presión que representa el mantenerlo como un secreto. Nadie debe saber que justo en su diafragma se encuentra todo, los árboles se mueven cuando respira, los mares se agitan cuando se molesta, los planetas se alinean cuando ama, y llueven meteoritos cuando baila al son de sus pensamientos. 

Sin embargo, por fuera, mirando al suelo se rompe y se deja romper. Ahí es donde quisiera ser menos, menos responsable de tanto, menos paciente. Menos ella. 

Entonces, ella es la inmensidad, la caja de Pandora, y los secretos del Vaticano. Se mueve entre planetas, nada entre galaxias. Y sueña. 

Ella es el secreto mejor guardado. 

Ella soy yo. 


Domingo por la mañana

El absoluto silencio de un domingo siempre es u buen compañero. Hace tiempo no hablo conmigo, sin presiones, ni telas, ni maquillaje… Hoy que puedo hacerlo, quiero darme la oportunidad de recordarme quien soy. 

Mi color es el turquesa, mi cabello no crece, soy luz pura aunque me haya negado a serlo. Tengo tantas manias como ganas de huir (siempre tengo ganas de huir), pero tengo las mismas ganas de quedarme y obligarme a crecer. Siento una empatia extrema hacia todo ser vivo, empatia que mis padres y mi pareja aun no entienden. Y la verdad, yo tampoco, pero hay que poner la otra mejilla, y si es necesario inventarse otras mejillas si el objetivo es aprender. Todo lo tolero, todo siempre esta bien cuando se trata de mi. Respiro y me reinvento, revoluciono mi ser desde dentro constantemente. Se lo que soy, y se lo que quiero hacer con ello.

A sus ojos, que me miraron con tanto amor.

Nunca nada me había dicho tanto como aquellos ojos marrones, hermosos, llenos de cierto brillo especial que solo había sido capaz de ver en una que otra estrella con pretensiones de ser luna. Sonrisa preciosa, sincera y con cierta timidez que iría desapareciendo conforme se acercaba a mí. Debo confesar que desde mi perspectiva no había momento más puro que aquel en el que él sonreía, era poético verle. Ahora, la hipnótica combinación entre aquellos labios rosados, su blanca piel y sus hermosos ojos; eso era religioso, único, imposible de ignorar.

 

Él era todo lo que yo habría deseado, él era todo lo que cualquiera podría desear. Él era luna y sol, era absoluto en la inmensidad.

 

Para cualquier artista habría sido más que musa, más que objeto de inspiración, él habría sido todo para cualquiera; para cualquiera que no hubiera tenido la imposibilidad de amar por motivos ajenos a dos corazones.

 

Él, mi todo. Incomprensible para mentes cerradas que habrían visto aquel amor como un acto inmoral, como una falta a la normalidad que acababa por ser sinónimo de obligación, de infelicidad. Él y yo nos amamos, nos amamos a nuestros ojos, a nuestra manera, siendo libres. Nos amamos con cierto temor que iría desapareciendo conforme el sentimiento crecía.

 

Le amé con el corazón, con el alma, con la vida. Le amé como lo que él era, un ángel que por alguna estúpida razón se habría fijado en algún mortal. Le amé en cada abrazo, en cada beso disfrazado de despedida cualquiera, le amé entre desconocidos críticos, y a su lado siempre me dio igual todo lo que no tuviera que ver con aquellos ojos. Lamentablemente, no le amé usando la razón, y ahora la amo solo entre lágrimas de aceptación y resignación, le amo solo en fotos. Siempre le amaré, porque es él el único motivo de que yo siga acá, él es mi sol.